El rumbo del viento es muchas veces el mejor camino a seguir.
Abandonarte a su Suerte, hacer de él tu hábitat.
Un hábitat en el cual los obstáculos no parecen elegidos al azar.
Poco azar hay en que al final todas las burbujas acaben por explotar cuando más alto creen estar.
Cómo dejándolas subir para que después el golpe sea más fuerte.
Cómo un castigo a la libertad.
Una seudo libertad que solo quiere que te confíes para que no sepas cuando te llegará el siguiente golpe.
Para romperte.
Para después hacerte creer que cada explosión es necesaria.
Como un Big Bang.
Haciendo de una explosión un nuevo nacimiento.
La realidad de cada Big Bang es que todo parece precioso. No contamos con el peligro de no encontrar vida en ningún rincón.
A penas hay vida.
Tampoco somos habitables para nadie.
Porque nuestra (mí) atmósfera es irrespirable y todos acaban asfixiados.
Y antes de que todo acabe tú ya estás esperando a la siguiente explosión.
La burbuja va a explotar.
A la vuelta de la esquina.