
Ser prisionero del latido que le robaste a mí corazón, no es cárcel ni castigo.
Pero necesito un armisticio.
Prefiero ir sin armas y jugarme el alma.
Que estaba siempre en juego en las letras que te escribí.
Como un mapa del tesoro.
A lo Davy Jones pero sin cofre.
Sin melodías, ni cajas de música porque hace ya un tiempo que perdí el ritmo.
Cuando tú estabas en Do, yo siempre estaba en Fa.
Y para cuando yo hice mis acordes en Sí, la canción ya había terminado.
El silencio en bucle banda sonora de mi vida.
Y la verdad es que prefiero la musicalidad de lo que callamos si no escucho tu risa.
La armonía no existe porque nuestras notas no suenan a la vez.
Solo existe el momento en el que de vez en cuando orbitamos de cerca sin tocarnos.
Sin tocar nos morimos.
También es muerte dejar mi vida a la suerte de tu dulzura y jugar conmigo mismo a una ruleta rusa en la que solo disparas tú.
Hay balas que son adictivas.
Así que…
Dispara a la cabeza.
Es lo único que me queda.
A la vuelta de la esquina.
Fotografía de Pixbay.