
Hay un abismo.
Un abismo que no puede pero lo arrasa todo en mí últimamente.
Como si eso es todo lo que fuera.
Como si eso me definiera.
Estoy viviendo algo crónico.
Con la persiana echada, las ventanas cerradas, una puerta mental infinitamente tapiada.
Pero siempre entra.
Es crónico y me define.
Es más que un estado de ánimo, soy su títere.
A mí también me dejó sin cabeza.
Me hace escribir aquí.
Me hace ser dúctil.
Hace que el tiempo pase lento, me trae solo lo bueno porque sabe que viviría allí.
Es muy fuerte ahora porque antes de transformarse en lo que es hoy, fue precioso.
Hasta que quiso juntarse con el “des”.
No puedo verlo ahora con los mismos ojos.
Está dominándome.
Está contento si yo estoy triste.
Se aferra a que yo me aferre.
Es viejo amigo.
Es real aunque magnifica todo, multiplicando por mil cada pinchazo.
Tenemos algo tóxico pero nunca me deja solo.
Soy yo su amor platónico.
¿Qué sería del mundo, de la poesía y de la inspiración, de las recaídas, de las caídas, de la misma vida, de los corazones sin romper hasta que llegas tú, a veces necesario, cruel Desamor?
A la vuelta de la esquina. Cristian JD