
Troya acabó ardiendo por culpa de un beso.
Un beso entre dos locos que prefirieron ver el mundo arder a renunciar a sí mismos.
Del Amor a la guerra hay un paso.
Un beso. Ese beso.
La guerra por Amor fue la que causó este seísmo.
Sentí ese rayo y vivir dejó de ser un espejismo.
Feliz miércoles me dijo.
Ejemplo de nada.
Aprendiz de todo.
Me hago historias si me clavas la mirada.
Por aquí un “me gusta”.
Te habría “raptado” si te hubiera conocido en Esparta.
Indigna de este altar.
No se ha creado ninguno que esos rizos merezca.
Esperando a que todo se calme.
A que llegues con tu abrazo y me desalmes.
Viviendo la vida en el alambre.
Jodido pero con el mismo hambre.
Ni sé escribir poesía ni hablar en prosa.
La culpa fue del efecto mariposa.
Una mariposa batió sus alas en Japón…
Y yo le dije “ven a ver qué pasa si me besas”.
Un corazón de piedra se ablandó.
Todo siguió igual.
Pero mi mundo estaba cambiando.
Había cosas que contigo no me salían mal.
Por hacer que sea un goce respirar.
Por mirar la vida desde el lado puro.
Por que ya no me dé ansiedad el futuro.
Todo lo que haces no cae en saco roto, si es de corazón, aquí tienes tu casa, tu dirección, tu hogar.
La vida es corta y si tiene que arder que arda como Troya o como lo hicieron aquellos enamorados de Pompeya.
A la vuelta de la esquina.
Cristian JD