El último cielo

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Vuela.

Vuela porque al final te vas a estrellar.

No importa cuándo, pero llegará.

Y mientras vueles no recuerdes.

Porque recordar tiene dos filos y uno te va a cortar como mantequilla.

No tengas miedo a estrellarte, el golpe dolerá pero no será el último.

No vas a ver las estrellas en mucho tiempo pero podrás imaginar cómo era tocar el cielo con ella.

Te tatuaras cada día como una lección, una lección de tinta china que olvidarás cuando la veas.

Y de este dolor renacerás, no más fuerte, pero vas a saber qué heridas tener siempre guardadas.

El corazón que te quede después de esto consérvalo bien. Ya no te queda mucho.

Oculta lo que siempre te va a doler y grítale al mundo que estás bien. Ellos tampoco te van a creer.

Nos pareció divertida aquella ruleta rusa.

Lo que empezó hablando de vuelos se ha convertido en una esquela.

Con fecha de aquel día.

El día en que la bala se convirtió en metralla.

Metralla perenne, omnipresente.

Como un cuadro colgado en la pared, te rezo pero ¿para qué?

Otra religión que acaba en nada.

A veces te me apareces…

Y todavía creo que existes.

A la vuelta de la esquina.

(F)/(S)in

9941DB3D-5F8B-41C5-8645-741F523B385DRealmente hay algo precioso en las cosas malas.

Hay una lección.

No hay elección.

Nunca sabemos muy bien qué será malo hasta que no llegamos al final.

El final es lo que da sentido a lo que hacemos.

El final es una condena a cadena perpetua de que ya no volverá.

Es también precioso pensar en el carpe diem de lo pasado.

Sabiendo que no vivimos el momento.

Nunca lo vivimos.

Solo nos gusta recordarlo con la ilusión de haberlo vivido de verdad.

Como si fuese mentira. Una más.

Puede que la piedra sólo sea la excusa para tropezar.

Lo precioso de los finales es que acaba con todo.

Lo hace intangible.

Porque el mundo no está preparado para que seas de verdad.

Pero no acepta una mentira.

No hay nada más de verdad que un final.

Los finales dictan sentencia.

El cielo antes del anochecer nunca miente y contigo era más bonito. Mentirse…

Qué pena que fueses una estrella fugaz.

Y yo sin deseos.

Lo que sientes, es lo que eres.

A la vuelta de la esquina.

 

 

Átomo

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Lo malo de ser tan pequeño como un átomo es que hasta un grano de arena se convierte en tu Everest.

El dolor y la inspiración van de la mano.

Creo que el hilo rojo del destino me hizo la zancadilla un millón de veces.

Luego yo me reí de él.

Lo estoy pagando con creces.

He aquí el dolor que precede a la inspiración.

Por él sobrevivo.

Un golpe más no mata. Eso pensé cuando te vi.

Un día más y lo dejo. Como el éxtasis de lo malo. Otra vez.

Flipando en colores pero con un mundo en blanco y negro. Si le doy muchas vueltas al final lo veo gris.

No soy yo, es que me echaron amor en el vaso.

Me han dado tantas guindas que ya no sé a qué sabe el pastel.

No soy yo, es que no soy yo.

Le debo todo a no deberle nada a nadie. A vivir cada día en el alambre.

Vengo a pedirle heridas a la vida, que el alcohol me sobra.

No puedes pedir que brille a una sombra.

La caída fue necesaria.

El resurgir pasará a la historia.

Un átomo en el Everest.

A la vuelta de la esquina.

La Tormenta

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No para esta lluvia.

Llueve sobre mojado.

Esta piel no quiere mas agua.

Septiembre empezará una vez más como la revolución de la nada.

Otro viejo nuevo comienzo.

Otro mes de nubes.

Ahora sólo llueve aunque tiempo atrás…

Hicimos de los relámpagos nuestra canción favorita.

De las chispas un modo de vida.

No temía saber que tus días no rimaran conmigo porque convertimos cada tormenta en pura poesía.

Me gustaba su electricidad. Sus cosquillas en el pecho.

La tormenta perfecta.

Anegándolo todo.

Haciendo más ruido que nadie. A golpe de trueno se fue.

Dejó claro que la lluvia nos moja a todos y qué imparable me caló.

Cumplió cada previsión, convirtiéndose en un huracán cuyos daños son ahora incalculables.

No para de llover.

De revolución, un paraguas.

A la vuelta de la esquina.

Lo fugaz

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La única solución es aceptar que no hay solución.

Admito que nunca he sabido leer entre líneas porque me saltaba cada párrafo buscando el final feliz.

Sigo sin entender cómo la palabra fugaz pierde todo su sentido cuando algo efímero queda clavado en tu ser.

De fugaz nada entonces.

De fugaz a eterno.

Llamar efímero a un momento que pasó sólo es poner nombre al consuelo de no haberlo exprimido.

No es fugaz algo que sucede y no olvidas.

Nunca es fácil que el tiempo te resbale y sigas en tu zona cero.

El tiempo pasando de mí.

Abrazar la inmortalidad de un recuerdo también supone anclar tu presente a algo que, si solo existe para ti, ya no existe.

De fugaz a perenne.

Y no habrá perdón para los justos.

Porque de todo se olvidan. Las palabras se las llevó el viento, pero estas no.

Cuando te quieres dar cuenta ya sólo eres una mota de polvo en un universo infinito.

Ya no quiero “escribir” más…

A la vuelta de la esquina.

La Burbuja 2.0

B200DB17-2F69-49F5-9514-74EA00C2C6BFEl rumbo del viento es muchas veces el mejor camino a seguir.

Abandonarte a su Suerte, hacer de él tu hábitat.

Un hábitat en el cual los obstáculos no parecen elegidos al azar.

Poco azar hay en que al final todas las burbujas acaben por explotar cuando más alto creen estar.

Cómo dejándolas subir para que después el golpe sea más fuerte.

Cómo un castigo a la libertad.

Una seudo libertad que solo quiere que te confíes para que no sepas cuando te llegará el siguiente golpe.

Para romperte.

Para después hacerte creer que cada explosión es necesaria.

Como un Big Bang.

Haciendo de una explosión un nuevo nacimiento.

La realidad de cada Big Bang es que todo parece precioso. No contamos con el peligro de no encontrar vida en ningún rincón.

A penas hay vida.

Tampoco somos habitables para nadie.

Porque nuestra (mí) atmósfera es irrespirable y todos acaban asfixiados.

Y antes de que todo acabe tú ya estás esperando a la siguiente explosión.

La burbuja va a explotar.

A la vuelta de la esquina.

Apagado

Un día menos aunque no sé para qué.

Una excusa menos que poder poner.

Vivo en el enredo, en la desidia y a veces soy la propia desdicha.

La decepción omnipresente. Mi subconsciente es mi consciente. Por eso siempre estoy fallando.

Reír está sobrevalorado, soy el aguado de la fiesta. Si me pinchas ni sangro.

En 55 palabras ya me conoces.

Vivir contando letras.

Vivir contando las veces que pedí la cuenta.

Esta es la enésima.

Si vuelvo aquí mala noticia esa, ya una vez me puse de límite el suelo y aún así el vértigo me consume.

Destruye. Destruye todo lo que tengas, para que no te acostumbres a vivir de las rentas. La mía siempre a pagar, ya no sé ni con quien estoy en deuda.

Mis lecciones que para mí no son.

Mi vida en 138 palabras.

Muchas son.

Porque sólo una me define.

Apagado.

A la vuelta de la esquina.

Cenizas

Escribir sin escudo.

A corazón abierto.

Eso sí que es real.

Vomitar sentimientos en el papel, perpetuarlos y hacerlos eternos. Ese es el mejor homenaje que le podemos dar a alguien.

Recordarle mientras te recuerdas a ti aquellos meses de verano.

Eso nunca muere.

Que las palabras te trasladen.

Recordar que muchas personas pasaron pero pocas dejaron huella.

Y que no habrá mejor agosto.

Que marcas y te marcan.

Que los finales no son bonitos. Nunca lo serán.

Pero también entended, entended que la vida lega en ti cada recuerdo para que lo vivas de nuevo con cada olor, con cada canción…

Abrir la mente y pensar. Fluir.

Y que cada vez que fluyas, de aquellas cenizas, resurja el Fénix de lo chulo que fue sólo por arriesgar nada, porque nada había que perder.

Y de donde no había nada que perder a tener la posibilidad de poder perder algo yo me quedo con lo segundo. Es el sentido de la vida.

Si lo cuidas, siempre será tuyo.

No habrá nunca inspiración en un corazón cerrado.

Gracias a esas personas que dieron rumbo a una parte de nuestra vida y sentido a esta.

La vida aún es larga.

A la vuelta de la esquina.

Quemaduras

Somos fuertes, pero no tanto como creemos.

Siempre pensamos que no somos débiles antes nadie pero todos tenemos alguna debilidad.

A veces volar cerca del Sol quema, sobre todo cuando ya has descubierto que no sirve de nada protegerte de algo tan grande.

Es tener esa sensación de que no importa donde te escondas, al final siempre te llega algún rayo de esa luz, un diminuto haz.

Esa luz que te atraviesa y te radiografía el alma, destripa todas tus verdades y te desnuda.

Te deja indefenso.

Porque al final, siempre llega la noche y es ahí con la tenue luz de la Luna cuando más te dolerán esos rayos que han calado tú piel y han hecho quemadura en el corazón.

Y ya no sabes cuándo volverá a salir ese Sol.

El que vuelve a curarte. El que vuelve a “matarte”.

A la vuelta de la esquina.

Nightmare

Estoy en la lona.

Tú también lo estás.

No puedes cargar a alguien con tus defectos, con cargas que ni tú quieres.

No es justo.

Nada lo es.

Aún así, sigues arrastrándote, hasta la cuerda, porque la incertidumbre es tu zona de confort.

La cuerda floja es tu hogar.

Ya da igual de qué lado caigas, en ambos hay decepción.

Todo está tan vacío.

Con frases cortas todo se entiende mejor pero ni así entiendo a qué he vendido.

Y un día te dicen que algún día estarás lleno y estarás completo.

Completamente perdido, en un mapa de otro mundo, uno viejo.

Con el corazón lleno de arrugas.

La cabeza llena de basura.

Devorandome a mí mismo.

De cuerpo presente y el alma en paradero desconocido.

Pero soy real y no he fingido. Siempre he mostrado este vacío.

Ocupando el hueco del que quiere ser.

Sin objetivo, sin sueño.

Con recuerdos caducados, con momentos de usar y tirar. Tirar de mí.

Ni así entiendo a qué he vendido.

Nada estará bien, estate tranquilo.

 

A la vuelta de la esquina.